lunes, 25 de julio de 2016

CARTA AL LOBO de Laura Devetach



"Querido don Lobo:
Cuántos años han pasado ¿no? Seguramente Ud. está entrecano y con algún diente postizo, igual que yo. Seguramente tendrá nietos. Yo tengo una que se llama Sidonia. Tuvimos varias discusiones de familia para que no la llamaran con un sobrenombre, Gordi, por ejemplo. Porque tenía unos rollitos que Ud. se hubiera almorzado con fruición
.

Hablé con mi hija y mi yerno y les conté lo feo que fue para mí darme cuenta, ya de grande, que mi nombre real se borró de un saque porque a mi abuela se le ocurrió llamarme para siempre como a esa capucha roja hecha por sus propias manos. Y lo peor es que yo no me daba cuenta. Y el mundo entero la apoyó.
Ud. se preguntará por qué le escribo. Bueno, ya que no lo maté cuatro o cinco veces como por momentos tuve ganas, hoy quiero atar algunos hilos sueltos de nuestra historia.
Quiero contarle por ejemplo que yo fui al bosque porque mi mamá, con esa maldita costumbre que suelen tener muchos grandes, me mandaba de delegada frente a mi abuela en lugar de ir ella. ¿No le parece arbitrario que mamá (sin motivos conocidos) mande a nena chica a que atraviese bosque con lobo para llevar manteca y tortas a abuela enferma? No entiendo por qué, si Ud. estaba en el bosque y ella lo sabía y también sabía de su apetito, esa mamá mía no me acompañó o me enseñó a defenderme.
¿A Ud. le enseñaron algo sobre las chicas que iban al bosque? Seguro que le dijeron que yo solamente era ‘comida’ y que para ser un buen lobo había que comerse una chica.
Bueno, ahí andaba yo, sola. Pero el bosque estaba lleno de otras cosas. Además de las flores con las que mi mamá me dijo que no me entretuviera, había pájaros, escarabajos que hacían divertidas pelotas, cañas para hacer flautas, olores misteriosos. Me llené de preguntas. ¿Por qué las palomas hacían nidos tan pero tan chatos que los huevitos se les caían? ¿Por qué el pino y su fruto, la piña, tenían la misma forma puntiaguda? Si se lo preguntaba a mamá o a mi abuela me contestaban: ‘Porque sí’ o ‘Porque Dios lo quiso’, o que una chica debe estar ocupada y no andar preguntando pavadas. Alguna vez el leñador me enseñó a orientarme en el bosque mirando de qué lado crecía el musgo en los árboles. Pero no lo terminé de entender, y lo veía tan poco…
Yo sentía que tanto mi mamá como mi abuela siempre tenían razón. Y esa mala costumbre de que no se me escaparan pensamientos me ponía bastante mal. Cuando me encontré con Ud. sólo recordé la advertencia de mamá: ‘Cuidado con el lobo’. Pero –me dije atolondrada- ¿cuidado de qué?
Encima me había entretenido con las flores, dos pecados juntos, pensar si la vieja no estaría equivocada y tirarme una canita al aire. Para colmo Ud. era amable, poderoso y pícaro. Con una sola pregunta, con tres frases que me dijo, logró que yo le ubicara la casa de mi abuela que fuéramos los dos para allá, y encima, Ud. por el camino más corto y yo por el más largo. La muy mamerta sólo hizo lo que sabía: obedecer.
Después, cuando entré a la casa y mi abuela salió con esa idea de que me sacara la ropa y me acostara con ella, me sentí para el diablo, pero a los mayores no se los contradice y menos si están enfermos.
A partir de ahí poco y nada recuerdo. Sólo el miedo y la oscuridad.
Dicen que Ud. me comió entera. Gracias, eso ayudó a que saliera bien parada. El leñador se portó, hizo lo suyo ese muchacho. La que salió muy enojada fue mi abuela que repetía todo el tiempo: ‘Yo le dije a tu madre, yo le dije a tu madre.’
En fin, don Lobo, pasó mucho tiempo. Pero cuando yo salí de su panza y pude sacudirme un poco el susto, me dije: ‘A éstas ya no les hago más caso.’ No sé si Ud. seguirá tan bestia como antes o cambió un poco después de semejante experiencia. Lo que sí sé es que sigue vivito y coleando y tiene hijos y nietos como yo. Y que algo podría haber pensado sobre estas cosas.
Mi mamá y mi abuela siguen diciendo que verdades eran las de antes y que las mujeres no tenemos que pensar pavadas porque ésa es la voluntad de Dios y si no, nos come el lobo. También es cierto que mi mamá a veces me mira con curiosidad y una chispa verde parecida a la envidia.
La historia, para mí, siguió para adelante con mi hija, con la nieta. Cada tanto la pequeña Sidonia tiene que cruzar el bosque. Eso es inevitable, ni siquiera es noticia. Siempre se encuentra con todo lo probable de encontrar en un bosque. Pero ella sabe algo sobre esas cosas. ¡Con los tiempos que estamos viviendo!
La última vez se encontró con un lobito bastante piola y se hicieron tan pero tan amigos que no dan para personajes de cuentos como el que vivimos nosotros. Me alegro. Aunque parezca mentira, algo cambió en este mundo y por lo menos esta nieta mía necesita un cuento diferente.
Desde todos estos años que me sirvieron para mirarme mejor, lo saluda atte.
Caperucita Roja
Mayo 1989"
, Oficio de palabrera. Edic. Colihue.

sábado, 9 de enero de 2016

sábado, 19 de diciembre de 2015

CAPERUCITA ENCARNADA Versión de Elena Fortún


Pues señor voy a contaros  lo que pasó una vez en Francia.
Era una hermosa niña, blanca, rubia y espigada,
los ojos azul de cielo, mejillas como manzanas.
La más bonita del mundo, dicen todos al mirarla.
Su, madre, en la primavera, le tejió, con fina lana,
una capuchita roja con su capita y su talma.
Ya todo el mundo la nombra, “Caperucita Encarnada”.
La mamá la mandó un día, con su capita de grana,
a casa de la abuelita, que está al pie de la montaña,
para llevarle una torta con rica miel amasada,
y en una orcita de barro, fresca manteca de vaca.
-Ven aquí, niña querida, toma, hijita de mi alma,
llévale esto a la abuelita, que está enfermita en la cama.
Cruza el monte deprisita, no te detengas por nada,
no persigas mariposas, no te quedes embobada,
no se vaya a hacer de noche, y entonces el lobo salga.
Caperucita promete ir más lista que una galga.

Pero encuentra a un leñador que corta una encina alta,
a cada golpe que da, se ve relucir el hacha.
-¿Dónde va Caperucita con su capita encarnada?
-Voy a casa de mi abuela que esta enfermita en la cama,
y le llevo mantequilla y buena torta amasada.
-Sigue por la veredita no subas por la montaña,
que he visto rodar al lobo con las estrellas del alba.
-No tengo miedo del lobo que a mí nunca me hizo nada,
yo soy una buena niña y el lobo come a las malas.
-Sin embargo buena niña, ve por la vereda blanca,
deja el monte a los pastores que llevan perros de guarda.
-No me gustan las veredas, que son llanas y se tarda,
me gusta el monte bravío con mariposas y jaras.

La hermosa Caperucita con mejillas de manzana,
sube por el monte arriba corriendo como una cabra.
Sube cuestas, cruza arroyo, atraviesa la enramada,
y al llegar a la pedriza el lobo sale a encontrarla.

-Buenos días niña hermosa, ¿Dónde vas tan de mañana?
¿Eres tú a quien todos dicen Caperucita Encarnada?
-Yo soy, y tú eres el lobo que al amanecer rondaba…
-No me tengas miedo, niña, que no vengo a hacerte nada.
-¿Qué llevas en esa cesta cubierta de telas blancas?
-Llevo manteca muy fresca, y rica torta amasada,
como regalo a mi abuela, que es viejita y está en cama.
Yo le encenderé la lumbre, yo le limpiaré la casa,
y si tiene mucho frío  la abrigaré con mi capa.
-¿Y quién te abrirá la puerta si la vieja está en la cama?
-Otras veces he venido y encontré fácil la entrada.
Un cordel ata un pestillo que la abuelita levanta.
y yo le digo- Abuelita, Caperucita Encarnada,
que te trae torta de miel y mantequita de nata.
-Si que es fácil- Si yo fuera también en la casa entrara.
¿Y vives lejos tu abuela?- Vive al pie de la de montaña,
junto al molino que muele, en esa casita blanca.
-Está cerca...Voy a verla- No vayas lobo, no vayas…
que yo llegaré primero y pondré tranca en la entrada,
y se lo diré a la abuela, que el pestillo no levanta
si no oye mi voz primero y me conoce en el habla.
-A ver quien va más deprisa. Yo subo por la cañada,
tu vas por el monte abajo. ¡Te espero frente a la casa!


Y sin escuchar razones el pícaro lobo salta,
corre entre las matas verdes y se va por la cañada.

La linda Caperucita ve una mariposa blanca
y va corriendo detrás a ver si puede atraparla.
Corre y salta, brinca y grita, por los campos, alocada,
detrás de la mariposa, que al tenerla se le escapa…
Y, de repente, se acuerda ,de que el lobo fue a la casa…
¡Cómo corre, monte abajo Caperucita Encarnada!

El lobo que ya ha llegado va y golpea con la pata.
-Ábreme- dice- abuelita (con la voz disimulada)
ábreme que soy tu nieta, Caperucita Encarnada.
-Levanta el pestillo, niña, que  ya he sacado la tranca-
dice la abuela y el lobo entra dentro de la casa…
¡De un tragón traga a la abuela¡ (¡que tiene hambre atrasada!)
y se pone el camisón y la cofia almidonada,
y los negros anteojos, y va y se mete en la cama…


Ya está llamando a la puerta Caperucita Encarnada.
-Ábreme abuela querida, saca corriendo la tranca,
que traigo manteca fresca que ha hecho mami esta mañana;
¡y viene corriendo el lobo, que quiere entrar en la casa...!
-Entra pronto, vida mía, Caperucita Encarnada.
(y aunque el lobo disimula su voz es ronca y extraña).
Ya ha entrado Caperucita, y bajo las telas blancas,
saca del cesto la torta, y la manteca de nata.
-Déjalo sobre la mesa y ven conmigo a la cama,
que estoy ya tan viejecita que me voy quedando helada.

Cuando la niña se acuesta, mira a su abuela asombrada.
-¡Qué brazos tienes abuela!- Por abrazarte se alargan.
-¡Qué piernas tan largas tienes! – De correr por las montañas.
-¡Qué orejas mas grandes tienes!- Para oír tu dulce charla.
-¡Cómo relucen tus ojos!- Para mirarte a la cara.
-¡Qué boca tan grande tienes!- Para besarte muchacha.
-¡Qué harás con dientes tan grandes!- Comerte a ti desdichada.
Se arroja sobre la niña y de un tragón se la traga.

Dicen que el leñador vino, que encontró al lobo en la cama,
que le rajó la barriga, mientras el lobo roncaba,
que abuela y nieta salieron desde el fondo de la panza..


Y ya se acabó este cuento otro os contaré mañana.


Adaptación de Elena Fortín y sus compañeras de LA HORA DEL CUENTO y publicado en su libro El arte de contar cuentos a los niños. Ediciones Espuelas de Plata 2008




viernes, 11 de diciembre de 2015

Arturo Abad o cuando los cuentistas se encuentran

He tenido una gran suerte, he conocido a Arturo Abad,  hemos pasado la mañana intercambiando cuentos sin parar.
Imaginaros dos cuentistas cuenta que te cuenta.
Tiene cuentos preciosos escritos por él: El pintor de Lunas, El Pati de la senyora Amelia, Gotas de cristal, Gritos en la Arena, Un trocito de horizonte, Zimbo, y el Taller de corazones.
Me los ha prestado todos para que los lea y se ha ido con un montón de autores para buscar en internet y una cuerda de color amarillo.
Sus libros están llenos de magia y poesía, escribe cosas tan bonitas como:

"Para fabricar papelitos de colores tenemos que reunir las notas que los niños se pasan a escondidas en las horas de la escuela. después hay que cortarlas en pedazos pequeños y machacarlas en un mortero de madera de alcornoque, o de algún árbol similar hasta formar una papilla que se dejará secar al sol de las tres de la tarde"
Fragmento del cuento COMO HACER PAPELITOS, RECETA DE LA TIA ABUELA DE ANA,  del libro Gotas de cristal.  

Portada de uno de sus libros
Nuestra ilusión y proyecto,  hacer un encuentro de  Narradores y Cuentistas de Granada para la primavera.
Mientras tanto hemos iniciado el fb CUENTOS DE LA LUNA MORA y volveremos a juntarnos a seguir compartiendo nuestras locas ideas.

Para mas información de este genial compañero cuentero tomad nota de su web.
http://detrasdeunboton.com/

OS LA RECOMIENDO 

domingo, 29 de noviembre de 2015

Lhasa de Sala, la voz de un ángel errante. http://elpais.com/

Hay historias de las personas que parecen sacadas de un libro, así me ha parecido la vida y la voz de Lhasa...

Se llamaba como la capital del Tíbet. El nombre de Lhasa se le ocurrió a su madre cuando la pequeña había cumplido ya cinco meses: mientras leía el Libro tibetano de la vida y la muerte pensó que era el idóneo para aquel bebé muy sonriente y con los ojos algo rasgados.
La cantante y compositora falleció el 1 de enero en su casa de Montreal, a consecuencia de un cáncer. Tenía sólo 37 años. Hija de un profesor y escritor mexicano y de una fotógrafa estadounidense, Lhasa de Sela pasó su infancia recorriendo carreteras de México y Estados Unidos en un viejo autobús escolar convertido en el hogar de dos adultos, cuatro niñas, tres gatos, un loro, dos tortugas y un perro. Sin televisión. Ni electricidad ni agua corriente ni teléfono. Las pequeñas leían todo el tiempo y por la noche organizaban espectáculos.


Lhasa nació

Creció escuchando a Violeta Parra, Chavela Vargas, Billie Holiday, Amália Rodrigues, Maria Callas... Siempre le atrajo la música triste, confesaba. El crítico británico Charlie Gillett comentó que, de haber tenido Nico y Leonard Cohen una niña en la década de los setenta, hubiera sido Lhasa.
En Montreal, acompañada por el guitarrista y productor Yves Desrosiers, Lhasa actuó durante cinco años en bares como Le Quai des Brumes o Les Bobards. Lugares ruidosos en los que cantaba con las manos en los bolsillos y los ojos cerrados para un público que bebía y hablaba. Lo explicó en una entrevista para EL PAÍS: "Me dije que no podía enojarme con ellos porque no tenían obligación de escucharme. Era yo quien tenía que hacer que quisieran escucharme de verdad y no por cortesía".
Según ella, cada canción surgía de una chispa y ya venía en un idioma determinado: español, inglés -las lenguas de mamá y papá- o el francés de la ciudad que la acogió. Sus composiciones se escuchan en la película de John Sayles Casa de los Babys, el documental de Madonna o la serie Los Soprano, y suenan a chanson francesa, folknorteamericano, blues, ranchera... Escribía frases como "tuve que quemarme p'a llegar a tu lado" y contaba en sus conciertos la historia de su abuelo libanés, que se escondió en un barco con destino a Marsella para huir de un padre que no lo quería. De La confesión ("Me siento culpable porque tengo la costumbre") aseguraba que tardó meses en comprender que se trataba de una fantástica explicación sobre la culpabilidad y cómo librarse de ese terrible sentimiento. Y Lhasa no quería sentirse culpable nunca más.

martes, 27 de octubre de 2015

Caperucita en el CEIP ELENA MARTIN VIVALDI

Qué buena temporada se está pasando la Caperu en este cole. Inició el curso junto con las criaturas y parece que no se quiere ir de allí. Incluso estuve contando cuentos un día. Todos querían subir a ayudarme, fue una mañana muy movida y agradable.
Os adjunto algunas fotos de la exposición.

lunes, 19 de octubre de 2015

CAPERUCITA EN CLAVE JURÍDICA (Traducción de Cecilia Guillén Pérez)

Dibujo de Marta Flores 

Tal y como consta en acta, residía en nuestra ciudad una menor de edad, que, debido al uso habitual de un sombrero rojo típico del lugar por derecho consuetudinario, se hacía llamar Caperucita roja.
Con anterioridad a la puesta en marcha de la afectada, ésta fue asesorada por su madre con la estricta prohibición del abandono de los senderos del bosque del distrito local.
El desacato de tal prohibición convirtió su acto en punible, y por la trasgresión del delito derivado del anterior, consistente en el derecho a recoger flores, fue a dar con un indocumentado lobo indigente y sin permiso de residencia.
En ilegal usurpación de las funciones estrictamente públicas, reclamó el mencionado delincuente, la inspección de los bienes de consumo contenidos en la cesta de la parte delictiva primera, y con hostiles intenciones, se aseguró de la disposición de la parte delictiva primera a dirigirse sin tardanza a casa de su abuela, pariente
consanguíneo de la afectada.
Fue la escasez de víveres en el sector alimentario, que, de facto, situaba a la parte lobuna en delicada situación, la que le instó a tomar la determinación, previa presentación de documentación falsificada, de personarse en la vivienda de la pariente consanguínea de la parte primera.
La abuela, parte tercera, a la que conforme a derecho, le había sido concedida una baja por enfermedad ocular, no consiguiendo constatar las pretensiones asesinas del lobo, parte segunda del caso que nos ocupa, dejó a éste llevar a término el famélico hurto, punible por deglución de la encamada parte.
La personación posterior de caperucita en la vivienda, hizo que le parte lobuna falsificara su identidad por simulación de la engullida abuela, manifestando progresivamente contundentes pruebas de la presunta deglución de la primera afectada, hasta engullir a la segunda parte.
El guardabosques de turno, que en el momento del evento percibió sospechosos ronquidos ruidosos, pudo constatar que la fuente agresora provenía de las fauces del lobo.
El diligente señor dirigió de inmediato un parte de denuncia de presunto asesinato a la autoridad competente más cercana, que fue recogida en sumario.
Seguidamente asestó un tiro de bala al lobo, que falleció a causa del mencionado impacto.
El estado erguido del impactado despertó en el autor del disparo la sospecha de que el cadáver contenía personas en su interior. En base a la referida suposición abrió mediante cuchillo el cuerpo fallecido para someterlo a examen ordinario, momento en que salieron expulsadas la abuela y Caperucita, aún con hálitos vitales.
Se procedió entonces a una desesperanzada reanimación, que fue haciendo crecer en ambas partes una fuerza vital no prevista en la normativa vigente.
El suceso fue registrado en protocolo por los hermanos Grimm.


(Thaddäus Troll, citado en el Süddeutsche Zeitung, v. 18/19.5 1974)
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
Checha, 8 de agosto de 2013


http://relatosparaaburridos-checha.blogspot.com.es/2013/08/homo-homini-lupus-y-caperucita-en.html